No se nos olvide como Iglesia quienes somos, a qué hemos sido llamados y que lo que tenemos es por la gracia y el favor de Dios en nuestra vida. Un encuentro con Cristo produce cambio, y hay un antes y un después en mi vida. Como cristiano tengo que representar y mostrar mi fe y no serán mis palabras sino mi comportamiento lo que reflejará mi fe.
“…se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido». (Juan 13:3-4)
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