Hay dos tipos de «cristianos»: el que lee la Palabra pero la olvida y no se examina a sí mismo para corregir su vida, y el que se detiene para meditarla atentamente y persevera en ella poniéndola en práctica. Este será bienaventurado en lo que hace, vivirá feliz y bendecido. (Santiago 1:22-26 «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana».
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